lunes, 5 de noviembre de 2012

Peter Paul Rubens - Algunas obras








Jorge Manrique - Porque estando él durmiendo le besó su amiga

Vos cometisteis traición 
pues me heristes, durmiendo,
d´una herida qu´entiendo 
el deseo d´otra tal
herida como me distes,
que no la llaga ni mal
ni daño que me hezistes. 
Perdono la muerte mía;
mas con tales condiciones,
que de tales traiciones
comentáis mil cada día;
pero todas contra mí,
porque, d´aquesta manera,
no me plaze que otro muera,
pues que yo lo merescí.

Más plazer es que pesar,
herida c´otro mal sana:
quien durmiendo tanto gana,
nunca debe despertar.

lunes, 29 de octubre de 2012

Patricia Cornwell - La jota de corazones

Las continuas desapariciones de jóvenes parejas y el posterior hallazgo de sus cuerpos en un estado de avanzada descomposición hacen suponer la existencia de un asesino que calcula y prepara metódicamente la inmolación de sus víctimas.

Cuando es la hija de la directora de Política Nacional Antidroga quien desaparece con su novio, las anteriores hipótesis adquieren una nueva dimensión. La doctora forense Kay Scarpetta cree que se encuentra ante un asunto que presenta una pautas claras, de las cuales las más significativas es una jota de corazones que el asesino deja como testimonio de su sacrificio. Hasta que empieza a investigar y averigua que alguien está ocultando información de importancia vital para la resolución del caso.



domingo, 21 de octubre de 2012

Saint-Jhon Perse - Anábasis


Saint-Jhon Perse (seudónimo de Alexis Saint- Leger Leger) nació en la isla de la Guadalupe, vivió en china, en Francia y en Estados Unidos. Murió en 1975, a los ochenta y ocho años, después de una fecunda vida de diplomático, viajero y poeta. En 1960 recibió el premio Nobel. 

Su poesía es una especie de crónica del mundo y la nomenclatura de sus tesoros. Una poesía alusiva y secreta, evocadora y alabatoria.

Saint-Jhon Perse es, sin duda alguna, el mas grande poeta épico contemporáneo y Anábasis , la genuina expresión de esta épica. Considerado como uno de los poemas claves del siglo XX, Anábasis ha tenido grandes admiradores de la categoría de Eliot ( que lo tradujo dos veces), Walter Benjamin, Valery, Proust, Gide, Rilke, Breton.

                                                                      
 Canción
Nacía un potro bajo las hojas de bronce. Un hombre puso bayas amargas en nuestras manos. Extranjero. Que pasaba. Y hay algarabía de otras provincias de mi agrado... «Os saludo, hija mía, bajo el más grande de los árboles del año.»


Pues el sol entra en Leo y el Extranjero ha puesto su dedo en la boca de los muertos. Extranjero. Que reía. Y nos habla de una hierba. ¡Ah, cuántos soplos en las provincias! ¡Qué comodidad en nuestras vías!, ¡cómo me deleita la trompeta, y la pluma sapiente en el escándalo del ala...! «Alma mía, muchacha, tenéis modales ajenos a los nuestros.»


Nació un potro bajo las hojas de bronce. Un hombre puso estas bayas amargas en nuestras manos. Extranjero. Que pasaba. Y hay un gran estruendo en un árbol de bronce. ¡Asfalto y rosas, don del canto! ¡Truenos y flautas en las estancias! ¡Ah, cuánta comodidad en nuestras vías, cuántas historias en el año!, ¡y el Extranjero con sus costumbres por los caminos de toda la tierra...! «Os saludo, hija mía, bajo la más bella túnica del año.»

miércoles, 8 de agosto de 2012

Rima LXI

A la luz de la luna,
te recitaré mis poesías,
escucharas princesa,
mis nostalgias con letras.
A la luz de la luna,
te contaré mis historias,
escucharas gitana,
mi amor en esta balada.

A la luz de las luces,
la que mas me gusta,
escucharas morena,
mi rima desesperada.

Muchas noches enteras,
junto a un cigarro, lápiz y botella,
con miles de recuerdos,
y por saber lo que me queda.

Cuando llegue el amanecer,
este que te escribe,
estará loco,
no sabrá lo que escribió,
ni porque lo hizo.
Sabe que te fuiste,
y que aun te espera,
durmiendo en el escritorio,
con tu foto junto una vela.

No volveré a esas noches,
de oscuras psicodelia,
 recordando los hechos,
que trastornaron mi memoria.


                                                                     Jean Ryan

lunes, 6 de agosto de 2012

Rima LVIII

No duermo de noche,
ni tampoco de día,
mi cuerpo habita en el tiempo,
conoce los astros,
el anochecer y el amanecer,
los días de niebla,
y los días malos.

Por mucho que busquéis,
mi alma esta inerte,
en un mundo perdido,
en el mundo que me extravié,
discutiendo cual de los colores,
cual de ellos es el mejor.
Mi felicidad crece con las horas,
cuando yo me veo solo,
cuando veo que no hace falta,
 gente a mi vera,
solo fuego para calentar en invierno,
las noches que pasare enteras,
leyendo hasta despertar en las aceras.
                                                                                             Jean Ryan